Emprendimiento social y voluntariado como motores de crecimiento

Este 2018 celebro 10 años de carrera profesional y a manera de ejercicio reflexivo quise volver a visitar cada uno de esos años — por lo menos como me los muestra mi memoria. Analizando los puntos altos y los bajos, lo aprendido y lo perdido y las historias de vida que ha dejado lo que llevo recorrido de este camino. Ojalá estas historias también puedan servir de inspiración o hasta de aprendizaje, para los Millennials más jóvenes que yo y para todas esas personas que apenas comienzan — o están por comenzar, su carrera profesional.

Ay 2011, qué bello año. Dos viajes internacionales, entre ellos mi primer viaje a otro país con mi novia que fue a Panamá. 2011 se volvió mágico porque descubrí el voluntariado y el emprendimiento social. Uno de los nuevos empleados que trajo el Presidente de la empresa me puso en contacto con la Red Colombiana de Jóvenes, una iniciativa a la que comencé a apoyar y que en últimas terminé liderando en Medellín. El equipo de Bogotá quería expandirse y yo asumí la misión de consolidar un equipo en la capital de la montaña. Fue un un reto grande, pero a su vez algo totalmente nuevo y excitante. Era una actividad donde podía canalizar mis pasiones para ayudar a otras personas y eso siempre hace sentir bien a los seres humanos. En la Red empezamos a asesorar a empresas sociales y les ayudamos a montar y validar sus primeros modelos de negocio. También hicimos alianzas con fundaciones locales como Juguemos en el Bosque. Éramos un equipo de empeliculados, muy enérgicos y con ganas de poner a servicio de la ciudad el tiempo y habilidades que teníamos. [Ir a la fuente original]